militar_A consecuencia de la emisión el pasado domingo del programa de Salvados sobre el caso de la capitán Zaida Cantera, y la reciente sentencia de la Sala Quinta de lo Militar del Tribunal Supremo que absuelve al capitán Cabrera de haber cometido un delito de abuso de autoridad sobre la  sargento M.A.R., se ha reabierto el debate en ciertos medios sobre las peculiaridades que siguen existiendo hoy en la Jurisdicción Militar.

Y no nos referimos sólo a peculiaridades estructurales o legislativas, sino de interpretación de estas mismas normas y de lo que se consideran prácticas generalmente aceptadas en el ámbito castrense.

La sentencia absolvió al capitán Cabrera al no considerar que este hubiese cometido un delito de abuso de autoridad (arts. 103 a 106 CPM). Pero, sin embargo, sí reconocía como probado que el superior se había dirigido a la sargento con expresiones como “inútil”, “no tienes ni puta idea” o “deja de hacerte pajas. No, mejor, como tú eres mujer, deja de hacerte dedillos y piensa”.

En la sentencia se pueden encontrar multitud de ejemplos de cómo el capitán utiliza con frecuencia el conocido en términos coloquiales como “lenguaje cuartelero”, con recursos frecuentes a expresiones malsonantes y poco agradables y uso de símiles soeces para explicar las cosas.

Al final, la pregunta que cualquiera nos podemos hacer sería: ¿qué debe considerarse trato degradante? La respuesta está en nuestra jurisprudencia: lo son aquellos actos que rebajen el plano de la estimación, de la reputación y de la dignidad personal o provoquen situaciones patentes de desprecio que envilezcan, deshonren o humillen al sujeto paciente con afectación de la dignidad humana, los cuales han de revestir un mínimo de gravedad, cuya apreciación es cuestión no exenta de relativismo por su propia naturaleza y de circunstancialidad en función del conjunto de los datos objetivos que concurren en el caso y de los subjetivos o personales de la víctima.

Al final, de lo que se trata, según expone el Magistrado Excmo. Sr. D. Jacobo López Barja en el voto particular que formula a la citada sentencia (con el que coincidimos), es de objetivar esa concepción jurídica de trato degradante, que, si ha afectado a la dignidad de la persona, lo será independientemente de si ha sido más o menos intenso, de si ha sido generalizado a toda la Unidad, de si se ha producido en público o en privado o de la intención que pudiera haber detrás (una supuesta técnica de motivación). Por último, lo sabrá quién se anime a leer la sentencia, se comenta que todas estas expresiones de desprecio continuadas sólo supusieron una “crisis nerviosa” en la Sargento, restando importancia a la actitud del mando superior y afirmando que “las conductas relatadas solamente demuestran una carencia de las más elementales normas de educación y buena crianza”.

Quizá habría que revisar, en los usos del ejército, dónde acaba la mala educación y empieza el atentado contra la dignidad de cada uno.